La carrera contrarreloj del trasplante de órganos

No es un milagro, aunque detrás esté la mano de Dios, que una persona viva con el órgano de otra que ya ha muerto. Cuando se escucha a Juan José Ege-Guerrero, coordinador sectorial de Trasplantes de Sevilla yHuelva, explicar cómo es el operativo desde que fallece el posible donante hasta que se llega al implante se ve con claridad que todo el proceso es el resultado de una labor hecha por un equipo de profesionales perfectamente coordinados en los tiempos adecuados y con un temple digno de encomio porque tienen que empezar haciendo la peor pregunta en el peor momento.

«Tic tac tic tac tic tac…», es la «música» de fondo de las 3 y hasta 12 horas que dura el proceso, según sea el órgano, desde que fallece el posible donante hasta que se llega a la operación del trasplante propiamente dicho. Porque toda la operación es contrarreloj, sin prisas pero sin pausa, sabiendo dónde y cómo se pisa y «todo sucede en el tiempo que tiene que suceder porque en el equipo todo el mundo tiene muy claro cuál es su misión». El operativo comienza en el momento en que una persona fallece por muerte cerebral o parada cardíaca. Son las dos modalidades que llevan a plantear la donación, según la normativa Dead Donor Rule, «es decir que nadie muere con el objeto del trasplante, algo que parece una obviedad pero que no es tal ya que en China los presos condenados a muerte eran donantes todos», dice Egea-Guerrero.

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Hay que esperar a la muerte, aunque hay veces que el desenlace es tan evidente que se empieza antes a hablar con la familia para conocer la voluntad del difunto en vida.

Este es quizás el momento más delicado para el equipo que coordina «porque hay que esperar, porque no se puede agredir emocionalmente a nadie y porque, además, el tiempo corre en contra». «En cuestión de horas tenemos que saber qué quería el paciente. Esto puede tardar 15 minutos o hasta tres horas en función de la familia y de cómo y dónde se haya producido la muerte», añade Juan José Egea-Guerrero.

Afortunadamente, cada día hay menos negativa pues de cada cien familias, 88 dicen sí a la donación. Una vez que se da luz verde sigue el operativo. Ahora se trata de descartar que el donante tenga alguna enfermedad infecciosa o tumoral que ponga en peligro la vida del receptor. Dice Egea-Guerrero que el proceso tiene todas las garantías porque ante la más mínima duda de las pruebas y exploraciones que se realizan no se trasplanta.

«Ya diagnosticado de muerte, hacemos —dice— ecografías, analíticas muy completas, radiografías y ecografía del corazón, entre otras pruebas. Exploramos más allá porque perseguimos al máximo que pueda ser donante».

Cuando el donante es idóneo el siguiente paso en el que se debe emplear como máximo una hora es dar cuenta a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) para que busque en su base de datos si hay algún enfermo que cumpla los requisitos y, sobre todo, que tenga prioridad, que es lo más importante. Cuando se encuentra y se comunica al receptor que hay un órgano para él —o varios, según sea el trasplante— se pone en marcha la extracción.

«El equipo que hace la extracción —explica Egea-Guerrero— es el que hace el trasplante. Esto sucede con el pulmón, con el corazón y con el hígado, a veces, no siempre. Al hacer la extracción saben cómo se comporta el órgano para el trasplante posterior. Con los riñones no pasa los mismo porque tienen otras características». De sus palabras se deduce que si el donante está en Sevilla y el receptor en Madrid, el equipo ha de viajar a la capital andaluza para extraer el órgano y llevarlos a su destino en una nevera a una temperatura de entre 0 y 4 grados. Todo eso también se le explica a la familia, la cual está atendida en todo momento y hasta después del trasplante porque el vínculo con el equipo no se rompe nunca. El traslado se hace en avión, con la activación necesaria de los aeropuertos y hasta por AVE.

En todo esta maquinaria perfecta han intervenido unas 60 personas, 30 para la extracción y otras tantas para el trasplante, todas ellas relacionadas con el ámbito sanitario: unos 15 médicos especialistas, enfermeros de la UCI, de quirófanos, de la coordinadora de trasplantes, técnicos de laboratorio y de Anatomía Patológica, auxiliares, celadores, conductores y efectivos del 061..

A ello hay que añadir personal no sanitario como policías, forenses y jueces que en ciertas ocasiones tienen que dar el visto bueno. Eso si se trata del trasplante de un sólo órgano porque si es multiorgánico el equipo llega a las cien personas.

«El desarrollo de numerosas campañas de concienciación ciudadana, formación específica a los profesionales, así como la motivación de todos los equipos de trasplantes, han permitido que el 2016 sea un año difícil de superar, pero mientras haya pacientes en lista de espera, continuaremos fijándonos metas cada vez más altas», destaca Egea-Guerrero que ha obtenido la certificación europea en coordinación de trasplantes del consejo de Europa (Uems). Además, los coordinadores médicos de la Coordinación Sectorial de Trasplantes de Sevilla y Huelva han recibido el certificado de competencias avanzadas de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía en 2016.

¿Tiene memorioa el corazón?
La serie de televisión Pulsaciones, que plantea el tema de la transmisión de sentimientos y recuerdos al receptor de un trasplante cardíaco, da que pensar sobre la posibilidad de que esto suceda fuera de la ficción. Juan José Egea-Guerrero asevera que no hay base científica que lo sustente como sostiene también el director de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) Rafael Matesanz.

No obstante dice que el hecho de que en algunos países la familia del donante y el receptor se conozcan y convivan, hace que en un momento de máxima emotividad como éste se lleguen a aceptar como propias ideas transmitidas por allegados del donante.

FUENTE: http://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-carrera-contrarreloj-trasplante-organos-201703282311_noticia.html#ns_campaign=rrss-inducido&ns_mchannel=abcdesevilla-es&ns_source=fb&ns_linkname=noticia.foto&ns_fee=0

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